viernes, 28 de mayo de 2010
Beckett
Cascando
1.
por qué no simplemente no esperar
a ser ocasión de
un vertedero de palabras
¿no es mejor abortar que ser estéril?
después de tu partida las horas son tan tristes
siempre empiezan a rastras demasiado pronto
los garfios desgarrando con ceguedad el lecho de miseria
rescatando los huesos los amores antiguos
cuencas una vez llenas con ojos como tuyos
¿es mejor siempre demasiado pronto que jamás?
negra necesidad salpicando los rostros
diciendo una vez más nunca flotó lo amado nueve días
ni nueve meses
ni nueve vidas
2.
diciendo una vez más
si no me enseñas tú no aprenderé
diciendo una vez más existe un último
atardecer de últimas veces
últimas veces de mendigar
últimas veces de amar
de saber no saber simular
un último atardecer de últimas veces de decir
sino me amas nunca seré amado
si no te amo ya no amaré nunca
un batir de palabras gastadas una vez más en el corazón
amor amor amor golpe de un émbolo antiquísimo
moliendo el suero inalterable
de las palabras
una vez más aterrado
de no amar
de amar pero no a ti
de ser amado y no por ti
de saber no saber simular
simular
yo y todos los otros que te amen
si te aman
3.
a menos que te amen
viernes, 21 de mayo de 2010
e. e. cummings
Conocí a este poeta por una película bastante mala donde recitan uno de sus poemas. El poema (llevo tu corazón conmigo), me llamó mucho la atención y decidí investigar.
Edward Estlin Cummings, mejor conocido como e. e. cummings (así sin mayúsculas), nació en Cambridge, Massachusetts en 1884. Cuando tenía 20 años se enroló en el ejército aliado durante la Primera Guerra Mundial, fue voluntario conduciendo ambulancias en Francia, donde pronto fue acusado de traición (falsa) y recluido durante tres años en un campo de concentración. De esta experiencia sale La habitación enorme, su única novela publicada en 1922. Era pintor, ensayista, poeta y dramaturgo. Su poesía, es bastante particular, hay quienes dicen que trasgrede las normas ortográficas y de puntuación. Yo diría que en realidad se trata de los usos, muy creativos, que hace de la ortografía, y la puntuación para dar sentido a sus poemas.
Personalmente, me encanta. Actualmente leo la novela La habitación enorme, pero no me sorprende tanto como su poesía. Les dejo entonces este poema 11:435 publicado en 1950 en su libro Xaipe.
11:435
tantos yo (tantos dioses y demonios cada uno
más voraz que todos) es un hombre
(tan fácilmente uno en el otro se esconde;
mas siendo todos se libra el hombre de ser ninguno)
tan tumultuoso es el más simple deseo:
tan despiadada masacre la más inocente
esperanza (tan hondo el espíritu de la carne
y tan despierto lo que el despertar llama dormido)
así nunca está solo el más solitario de los hombres
(su aliento más breve vive el año de algún planeta,
su vida más larga es un latido de algún sol;
su menor inmovilidad recorre la estrella más joven)
-cómo pretendería un loco que así mismo se
llama "yo"
abarcar el innumerable quien?
domingo, 9 de mayo de 2010
Gacela de la huida
Gracias a mi hermana menor conocí la obra Divan del Tamarit de García Lorca. Fue escrito entre 1931 y 1935, finalmente fue publicado en 1936. Diván es una palabra persa que primero designó la habitación donde los escribas hacían el inventario y más tarde se refería al libro donde se escribía. En árabe llegó a significar un conjunto determinado de una clase de poesías. Y Tamarit era el nombre de una propiedad de la familia García Lorca en Granada.
Este poemario está dividido en dos partes, la primera incluye doce gacelas, que son composiciones breves dedicadas al amor, aunque en este caso las hay dedicadas a la muerte; y la segunda compuesta de 9 casidas, las casidas son composiciones mucho más largas de temas variados y que generalmente empiezan con una introducción.
El poema que traigo hoy es una de las gacelas, no podría decir que la más bella, pero por lo menos una de las que más me gustó. Pero me queda una pregunta ¿de qué quiere huir el poeta? ¿será acaso del amor?...
X
Gacela de la huida
Me he perdido muchas veces por el mar
con el oído lleno de flores recién cortadas.
Con la lengua llena de amor y de agonía
muchas veces me he perdido por el mar,
como me pierdo en el corazón de algunos niños.
No hay nadie que al dar un beso
no sienta la sonrisa de la gente sin rostro,
ni nadie que al tocar un recién nacido
olvide las inmóviles calaveras de caballo.
Porque las rosas buscan en la frente
un duro paisaje de hueso
y las manos del hombre no tienen más sentido
que imitar a las raíces bajo tierra.
Como me pierdo en el corazón de algunos niños,
me he perdido muchas veces por el mar.
Ignorante del agua, voy buscando
una muerte de luz que me consuma.
Este poemario está dividido en dos partes, la primera incluye doce gacelas, que son composiciones breves dedicadas al amor, aunque en este caso las hay dedicadas a la muerte; y la segunda compuesta de 9 casidas, las casidas son composiciones mucho más largas de temas variados y que generalmente empiezan con una introducción.
El poema que traigo hoy es una de las gacelas, no podría decir que la más bella, pero por lo menos una de las que más me gustó. Pero me queda una pregunta ¿de qué quiere huir el poeta? ¿será acaso del amor?...
X
Gacela de la huida
Me he perdido muchas veces por el mar
con el oído lleno de flores recién cortadas.
Con la lengua llena de amor y de agonía
muchas veces me he perdido por el mar,
como me pierdo en el corazón de algunos niños.
No hay nadie que al dar un beso
no sienta la sonrisa de la gente sin rostro,
ni nadie que al tocar un recién nacido
olvide las inmóviles calaveras de caballo.
Porque las rosas buscan en la frente
un duro paisaje de hueso
y las manos del hombre no tienen más sentido
que imitar a las raíces bajo tierra.
Como me pierdo en el corazón de algunos niños,
me he perdido muchas veces por el mar.
Ignorante del agua, voy buscando
una muerte de luz que me consuma.
miércoles, 5 de mayo de 2010
Creció la hierba en los caminos.
Aurelio Arturo, es uno de mis amores literarios... Entenderlo es fácil para mí. Yo he visto los paisajes que describe, he sentido la nostalgía de la que habla, he oido a las gentes de sus poemas. Nací en el país del viento, donde el sol viene de visita a las aldeas, donde el verde es de todos los colores, donde el silencio es un maduro gajo de fragantes nostalgias...
Aurelio Arturo nació el 22 de febrero de 1906 en La Unión, Nariño, vivió allí su infancia, y parte de su adolescencia, luego se fue a estudiar derecho a Bogotá. Fue conocido por poemas publicados de manera esporádica en periodicos y revistas. Un amigo dice que Arturo es un poeta de génesis, de creaciones: palabra a palabra, verso a verso, el mundo aparece nuevo ante los ojos lectores. Es un poeta extraño, su obra más conocida y de hecho su único poemario es Morada al sur. El resto son poemas sueltos, que fueron publicados en revistas y periodicos. El que les traigo es uno de los últimos, me recuerda a amigos que están lejos, compañeros de viaje, y a algunos que quieren ser hierba.
Bordoneo
Creció la hierba en los caminos.
Y un vagabundo vio los tiernos
campos lamerle los zapatos.
Y vio que el cielo era un gran viento
azul, corriendo sobre las hierbas.
Uniendo aldeas con canciones
bien puede un hombre juntar estrellas
bajo los párpados de la noche.
Y oír, tendido en la hierba
que le es suave aliento, difusa
la melodía de las sendas.
Un vagabundo vio los días
danzar, y las mariposas.
¡Un vagabundo por las aldeas!
Aldea y paloma y flor dichosa
y una mujer en la sombra, trémula.
Y si durmió en el campo razo
lo acompañó el cielo nocturno
como el rostro dulce y borroso
de una mujer que se inclinara.
Dormir en un valle del mundo.
Una aldea linda se llama Rosa,
otra muy suave Virginia
en el canto de un vagabundo,
de un hombre que dice canciones
entre los hombres y los caballos
de un hombre que canta en las ferias
entre los gritos y los fustazos.
Y puede haber muchas cuidades
en la huella de un vagabundo,
en la huella de sus tacones.
Hay en los charcos luz de estrellas.
Los cielos libres fueron suyos
en la voz dulce, en la voz cauta,
como trémulos pajarillos
que bajan cantando a la rama.
Él ha cantado, él ha cantado.
Él ha sabido de cuáles
celestes guitarras la lluvia
va cayendo sobre los prados.
***
Creció la hierba en los caminos.
Y un vagabundo vio las albas
salir del vaho de los juncos.
Y oyó la espuma de sus ríos.
Todo rumor que lleva polen
de melodía. En el difuso
lenguaje lento de las lluvias,
-que empieza con un pausado fraseo-,
oyó la voz de las florestas,
de los lindos claros del bosque
donde se tiende el sol como un perro;
el respirar de las hierbas húmedas
que se levantan lentamente
bajo la carpa de la noche.
***
Bien puede un hombre decir canciones
llenas de sombra si tiene estrellas
para sus sueños y ambiciones.
Puede cantar si tiene estrellas
y palomas y aldeas y mujeres
que hablen la brisa de sus noches
que ahonden sus noches de seda.
Bien puede hacer que de su aliento
broten formas y voces y aromas,
y desnudas en sollozos
carnes ardientes en la sombra.
***
Cantó la brisa en los caminos.
Y un vagabundo vio los verdes
campos triscar tras de sus huellas.
Y vio que el cielo era un gran viento
azul, corriendo sobre las hierbas.
Aurelio Arturo nació el 22 de febrero de 1906 en La Unión, Nariño, vivió allí su infancia, y parte de su adolescencia, luego se fue a estudiar derecho a Bogotá. Fue conocido por poemas publicados de manera esporádica en periodicos y revistas. Un amigo dice que Arturo es un poeta de génesis, de creaciones: palabra a palabra, verso a verso, el mundo aparece nuevo ante los ojos lectores. Es un poeta extraño, su obra más conocida y de hecho su único poemario es Morada al sur. El resto son poemas sueltos, que fueron publicados en revistas y periodicos. El que les traigo es uno de los últimos, me recuerda a amigos que están lejos, compañeros de viaje, y a algunos que quieren ser hierba.
Bordoneo
Creció la hierba en los caminos.
Y un vagabundo vio los tiernos
campos lamerle los zapatos.
Y vio que el cielo era un gran viento
azul, corriendo sobre las hierbas.
Uniendo aldeas con canciones
bien puede un hombre juntar estrellas
bajo los párpados de la noche.
Y oír, tendido en la hierba
que le es suave aliento, difusa
la melodía de las sendas.
Un vagabundo vio los días
danzar, y las mariposas.
¡Un vagabundo por las aldeas!
Aldea y paloma y flor dichosa
y una mujer en la sombra, trémula.
Y si durmió en el campo razo
lo acompañó el cielo nocturno
como el rostro dulce y borroso
de una mujer que se inclinara.
Dormir en un valle del mundo.
Una aldea linda se llama Rosa,
otra muy suave Virginia
en el canto de un vagabundo,
de un hombre que dice canciones
entre los hombres y los caballos
de un hombre que canta en las ferias
entre los gritos y los fustazos.
Y puede haber muchas cuidades
en la huella de un vagabundo,
en la huella de sus tacones.
Hay en los charcos luz de estrellas.
Los cielos libres fueron suyos
en la voz dulce, en la voz cauta,
como trémulos pajarillos
que bajan cantando a la rama.
Él ha cantado, él ha cantado.
Él ha sabido de cuáles
celestes guitarras la lluvia
va cayendo sobre los prados.
***
Creció la hierba en los caminos.
Y un vagabundo vio las albas
salir del vaho de los juncos.
Y oyó la espuma de sus ríos.
Todo rumor que lleva polen
de melodía. En el difuso
lenguaje lento de las lluvias,
-que empieza con un pausado fraseo-,
oyó la voz de las florestas,
de los lindos claros del bosque
donde se tiende el sol como un perro;
el respirar de las hierbas húmedas
que se levantan lentamente
bajo la carpa de la noche.
***
Bien puede un hombre decir canciones
llenas de sombra si tiene estrellas
para sus sueños y ambiciones.
Puede cantar si tiene estrellas
y palomas y aldeas y mujeres
que hablen la brisa de sus noches
que ahonden sus noches de seda.
Bien puede hacer que de su aliento
broten formas y voces y aromas,
y desnudas en sollozos
carnes ardientes en la sombra.
***
Cantó la brisa en los caminos.
Y un vagabundo vio los verdes
campos triscar tras de sus huellas.
Y vio que el cielo era un gran viento
azul, corriendo sobre las hierbas.
martes, 27 de abril de 2010
De los vacios metafísicos y las inseguridades existenciales
Justamente hoy hablaba con algunos amigos sobre las inseguridades existenciales... hay momentos en que uno siente que las cosas están más inestables que nunca, que parece que nada es seguro; en realidad las inseguridades existenciales son parte de la vida. Sin embargo, a muchas de estas inseguridades nosotros les buscamos explicaciones, y algunos hemos llegado a conclusiones de difícil explicación e incluso expresión en voz alta o en palabras escritas. Por ello, hoy traigo un poema que puede explicar eso, claro que yo creo que en este caso se trata, más que de una inseguridad existencial, de la seguridad de saberse incompleto y dañado.
El poema es de César Vallejo, uno de los más grandes poetas de América. Nació en 1892 y murió 46 años después. Su poesía tiene un tinte agónico muy fuerte, parece además algo inevitable, como si no hubiese podido vivir sin escribir. Espergesia, así se llama el poema, expresa esa existencia afectada, una que vive para morir (como todos).... porque Dios estuvo enfermo el día en que nació el poeta.
Espergesia
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que mastico... y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.
El poema es de César Vallejo, uno de los más grandes poetas de América. Nació en 1892 y murió 46 años después. Su poesía tiene un tinte agónico muy fuerte, parece además algo inevitable, como si no hubiese podido vivir sin escribir. Espergesia, así se llama el poema, expresa esa existencia afectada, una que vive para morir (como todos).... porque Dios estuvo enfermo el día en que nació el poeta.
Espergesia
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que mastico... y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.
viernes, 16 de abril de 2010
Un aprendizaje de desaprender
Alberto Caeiro es mi maestro.
Hay quienes dicen que la obra de Caeiro, fue la única afirmación que hizo Fernando Pessoa. La característica del último, haber creado heterónimos y obras particulares a cada uno. El 8 de marzo de 1914 apareció Alberto Caeiro; en una carta escrita a Adolfo Casais Monteiro, Pessoa describe el hecho: "Un día cuando finalmente había desistido (...) me acerqué a una cómoda alta y, tomando un manojo de papeles, comencé a escribir de pie, como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas seguidos, en una suerte de éxtasis cuya naturaleza no podría definir. Fue el día triunfal de mi vida y nunca tendré otro así. Empecé con un título, El Guardador de Rebaños. Y lo que siguió fue la aparición de alguien en mí, al que inmediatamente llamé Alberto Caeiro. Discúlpeme lo absurdo de la frase: había aparecido en mí mi maestro."
El maestro del poeta nació en Lisboa en 1889 y murió ahí mismo en 1915. Caeiro, no creía en nada: existía. Era un sabio, "para el sabio vivir y pensar no son actos separados", "la vida del sabio es irrefutable" (Paz 1965:146). Es el mito del poeta inocente, aquél que ve el mundo como es. Él, en tanto ser humano, hombre natural, era parte de la naturaleza, era "una afirmación absoluta del existir (ibíd: 148).
El siguiente poema, pertenece a la obra El guardador de rebaños, titulada así por uno de los poemas más bellos de la obra. El poema que sigue, es la exaltación del pensamiento de Caeiro. Espero que les guste.
NOTA: Las referencias citadas están en el ensayo de Octavio Paz sobre Fernando Pessoa "El desconocido de sí mismo", que se encuentra en el libro Cuadrivio (1965), Editorial Joaquín Mortiz, México.
La carta a Monteiro puede ser leída en el blog: ensayopessoa.blogspot.com
15
Lo que vemos de las cosas son las cosas.
¿Por qué habíamos de ver una cosa si hubiese otra?
¿Por qué ver y oír sería engañarnos
si ver y oír son ver y oír?
Lo esencial es saber ver,
saber ver sin estar pensando,
saber ver cuando se ve,
y no pensar cuando se ve,
no ver cuando se piensa.
Pero esto (¡tristes de nosotros que llevamos el alma vestida!),
esto exige un estudio profundo,
un aprendizaje de desaprender
y un secuestro en la libertad de aquel convento
del que los poetas dicen que las estrellas son las monjas eternas
y las flores las penitentes convictas de un solo día,
pero donde después de todo las estrellas no son más que las estrellas
ni las flores otra cosa que flores,
y por eso es por lo que las llamamos estrellas y flores.
Hay quienes dicen que la obra de Caeiro, fue la única afirmación que hizo Fernando Pessoa. La característica del último, haber creado heterónimos y obras particulares a cada uno. El 8 de marzo de 1914 apareció Alberto Caeiro; en una carta escrita a Adolfo Casais Monteiro, Pessoa describe el hecho: "Un día cuando finalmente había desistido (...) me acerqué a una cómoda alta y, tomando un manojo de papeles, comencé a escribir de pie, como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas seguidos, en una suerte de éxtasis cuya naturaleza no podría definir. Fue el día triunfal de mi vida y nunca tendré otro así. Empecé con un título, El Guardador de Rebaños. Y lo que siguió fue la aparición de alguien en mí, al que inmediatamente llamé Alberto Caeiro. Discúlpeme lo absurdo de la frase: había aparecido en mí mi maestro."
El maestro del poeta nació en Lisboa en 1889 y murió ahí mismo en 1915. Caeiro, no creía en nada: existía. Era un sabio, "para el sabio vivir y pensar no son actos separados", "la vida del sabio es irrefutable" (Paz 1965:146). Es el mito del poeta inocente, aquél que ve el mundo como es. Él, en tanto ser humano, hombre natural, era parte de la naturaleza, era "una afirmación absoluta del existir (ibíd: 148).
El siguiente poema, pertenece a la obra El guardador de rebaños, titulada así por uno de los poemas más bellos de la obra. El poema que sigue, es la exaltación del pensamiento de Caeiro. Espero que les guste.
NOTA: Las referencias citadas están en el ensayo de Octavio Paz sobre Fernando Pessoa "El desconocido de sí mismo", que se encuentra en el libro Cuadrivio (1965), Editorial Joaquín Mortiz, México.
La carta a Monteiro puede ser leída en el blog: ensayopessoa.blogspot.com
15
Lo que vemos de las cosas son las cosas.
¿Por qué habíamos de ver una cosa si hubiese otra?
¿Por qué ver y oír sería engañarnos
si ver y oír son ver y oír?
Lo esencial es saber ver,
saber ver sin estar pensando,
saber ver cuando se ve,
y no pensar cuando se ve,
no ver cuando se piensa.
Pero esto (¡tristes de nosotros que llevamos el alma vestida!),
esto exige un estudio profundo,
un aprendizaje de desaprender
y un secuestro en la libertad de aquel convento
del que los poetas dicen que las estrellas son las monjas eternas
y las flores las penitentes convictas de un solo día,
pero donde después de todo las estrellas no son más que las estrellas
ni las flores otra cosa que flores,
y por eso es por lo que las llamamos estrellas y flores.
sábado, 10 de abril de 2010
Ciudad sin sueño
Aunque no es la primera vez que escribo en un blog, este es mi primer blog...
La idea: crear un espacio para la poesía, mostrar poemas, hablar de ellos, discutirlos, y dar a conocer poetas desconocidos.
La poesía crea mundos posibles, y abre infinitamente el abanico de posibilidades. Espero que los poemas que aquí vayan apareciendo, muevan el corazón de los que los lean, que les erizen la piel, que los hagan sonreir, que les muestren el sol, que los inunden las palabras y vean el mundo de maneras diferentes.
El primer poema, es el que da nombre a este blog. Ciudad sin sueño (Nocturno del Brooklyn Bridge) escrito por Federico García Lorca, durante su estadía en New York. El poema hace parte del libro Poeta en Nueva York escrito entre 1929 y 1930 durante su estadía en la Universidad de Columbia y su visita a Cuba, y publicado por primera vez en 1940. El cambio de Andalucía a Nueva York, fue radical para García Lorca, el poema ilustra la época... recuerden La Gran Depresión de 1929, la dureza de la realidad de una metropolis, la caída de la bolsa, la desesperanza, los animales que representan la pérdida de las ilusiones y los sueños, la vida maquinal y automata. No hay tiempo para dormir, "No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie."
"No es sueño la vida", pero "Otro día/ veremos la resurrección de las mariposas disecadas".
Por las ciudades sin sueño que nos habitan.
Ciudad sin sueño (Nocturno del Brooklyn Bridge)
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duela su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y de aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
La idea: crear un espacio para la poesía, mostrar poemas, hablar de ellos, discutirlos, y dar a conocer poetas desconocidos.
La poesía crea mundos posibles, y abre infinitamente el abanico de posibilidades. Espero que los poemas que aquí vayan apareciendo, muevan el corazón de los que los lean, que les erizen la piel, que los hagan sonreir, que les muestren el sol, que los inunden las palabras y vean el mundo de maneras diferentes.
El primer poema, es el que da nombre a este blog. Ciudad sin sueño (Nocturno del Brooklyn Bridge) escrito por Federico García Lorca, durante su estadía en New York. El poema hace parte del libro Poeta en Nueva York escrito entre 1929 y 1930 durante su estadía en la Universidad de Columbia y su visita a Cuba, y publicado por primera vez en 1940. El cambio de Andalucía a Nueva York, fue radical para García Lorca, el poema ilustra la época... recuerden La Gran Depresión de 1929, la dureza de la realidad de una metropolis, la caída de la bolsa, la desesperanza, los animales que representan la pérdida de las ilusiones y los sueños, la vida maquinal y automata. No hay tiempo para dormir, "No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie."
"No es sueño la vida", pero "Otro día/ veremos la resurrección de las mariposas disecadas".
Por las ciudades sin sueño que nos habitan.
Ciudad sin sueño (Nocturno del Brooklyn Bridge)
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas.
Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan
y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas
al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros.
No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie.
No duerme nadie.
Hay un muerto en el cementerio más lejano
que se queja tres años
porque tiene un paisaje seco en la rodilla;
y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto
que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase.
No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda
o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas.
Pero no hay olvido, ni sueño:
carne viva. Los besos atan las bocas
en una maraña de venas recientes
y al que le duela su dolor le dolerá sin descanso
y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros.
Un día
los caballos vivirán en las tabernas
y las hormigas furiosas
atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas.
Otro día
veremos la resurrección de las mariposas disecadas
y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos
veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua.
¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!
A los que guardan todavía huellas de zarpa y de aguacero,
a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente
o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato,
hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan,
donde espera la dentadura del oso,
donde espera la mano momificada del niño
y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul.
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie.
Ya lo he dicho.
No duerme nadie
Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes,
abrid los escotillones para que vea bajo la luna
las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
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